Antes de elegir una planta de interior, fijate cuánta luz natural recibe ese rincón durante el día. No hace falta un fotómetro: si podés leer cómodamente sin encender la luz, alcanza para varias especies.

Para lugares con poca luz —pasillos, baños sin ventana grande, rincones alejados de la ventana— las sansevierias son ideales: toleran sombra, riego espaciado y casi no piden nada a cambio.

Si tenés luz media, indirecta pero constante, las marantas son una gran opción: sus hojas se abren y se cierran según la luz del día, y agradecen un ambiente con algo de humedad.

Para los rincones más luminosos, cerca de una ventana pero sin sol directo todo el día, podés animarte con especies de hoja más grande y colorida, que lucen mejor cuanta más luz filtrada reciben.

La regla general: menos luz, menos riego y menos exigencia. Si dudás entre dos plantas para el mismo lugar, elegí siempre la más resistente — vas a disfrutarla más que sufrir por mantenerla viva.