La regla de "todos los días un poco de agua" es la principal causa de raíces podridas. Antes de regar, meté un dedo dos centímetros en la tierra: si sentís humedad, esperá. Si está seca, es momento de regar.

La frecuencia depende de la maceta, la luz y la especie. Un cactus o una suculenta puede pasar diez días o más sin agua, sobre todo en otoño e invierno. Una planta de interior como la maranta prefiere la tierra apenas húmeda todo el tiempo, sin encharcarse. Las plantas de exterior en maceta, como las gazanias o clavelinas, suelen necesitar riego cada dos o tres días en verano y bastante menos en invierno.

Un truco simple: levantá la maceta después de regar y memorizá el peso. Cuando la sientas mucho más liviana, es momento de volver a regar. Y siempre mejor de menos: una planta con sed se recupera fácil, una con las raíces podridas por exceso de agua, no.

Otra señal útil son las hojas: las puntas secas y quebradizas suelen avisar falta de agua, mientras que hojas blandas, amarillas o que se caen con facilidad son más típicas del exceso de riego. Ante la duda, siempre es más seguro esperar un día más antes de regar que apurarse.